La esclavitud de los deberes

por | ARTÍCULOS, Mocos verdes

«Mi hija no juega. No le da tiempo. Sólo estudia y hace deberes. Y yo con ella. Desde que llego del trabajo hasta que se acuesta. Así que estoy hasta los ovarios (con perdón) de los deberes. Y sí, le he hecho algunos deberes a mi hija. Y su hermana mayor. Entre gritos de las tres, desesperadas ante la situación. ¿Que por qué? Porque cuando ya no da abasto, Eva llora y dice que si no los lleva hechos le ponen mala nota. Así que le busco las palabras en el diccionario o su hermana le hace la ristra de cuentas que le ponen, y después le explicamos cómo se hace”.

La mamá que cuenta esto, sumida en la misma desesperación a diario, es profesora. Pero la historia se repite con algún que otro matiz en casi todos los hogares de clase media españoles, sea cual sea la profesión de los padres, su lugar de residencia o el tipo de colegio al que lleven a sus hijos. Y digo de clase media porque los niños de clases inferiores o de hogares desestructurados no es que no lleven deberes, es que en muchos casos sus padres, si es que cuentan con ellos, no podrán o no sabrán estar atentos a los deberes de sus hijos. Pero muchos padres de hoy sí lo estamos, aunque el profesorado afirme lo contrario. Hasta el punto de que Esther no podía quedar el lunes a tomar café con sus amigas “porque tengo dos exámenes esta semana”. Habéis leído bien: “tiene” dos exámenes esta semana. Porque aunque era su hija Noelia, de 10 años, quien se examinaba, ella debía trabajar con la niña, ayudarla a entender la materia y a memorizarla para que pueda sacar buena nota.

Esther no es la única, desde luego. Una mamá en Coslada pedía cita a la profesora de su hija para que le enseñase ¡¡¡a ella!!! a hacer esquemas. Lo más triste es que la profesora lo hizo. En lugar de enseñar a trabajar a la niña por sí sola, que hubiera sido lo lógico, ¿no?

Y la ristra de ejemplos es interminable: Pedro pasa al ordenador la lista de vocabulario que debe aprenderse su hijo en inglés; Adela se aprende previamente las lecciones para poder explicárselas a su hija, hacerle esquemas y comprobar que se las sabe bien; Ángeles aprovecha los trayectos en coche o las esperas en el médico para preguntar al suyo lo que entra en el examen. ¡Y yo misma he parado muchas veces de escribir textos como este post para comprobar que Alejandro se ha estudiado la lección de historia y Pablo se sabe ya los huesos en inglés, que yo he terminado aprendiendo también!

¿Exceso de presión por parte del sistema educativo, obsesión de los padres por evitar el fracaso a toda costa, falta de responsabilidad y capacidad de trabajo de nuestros menores, o simple sobreprotección? Seguramente, todo a la vez. Pero lo cierto es que los deberes se han convertido en muchos hogares en una auténtica cruz que esclaviza a pequeños y a mayores.

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