El ruido, un virus en el aprendizaje

por | ARTÍCULOS, De la mano

Hablamos a menudo de la contaminación ambiental, grave problema al que nos enfrentamos. Hemos de tomar conciencia para poder ponerle freno.

Dicha contaminación también se encuentra en las aulas mediante el llamado RUIDO. La llamada contaminación acústica. Es fácil entrar en las aulas y oír al profesor “Qué ruido”, ¿Podéis hablar más bajo?, ”No hay quien pueda entender nada”…

Este ruido dificulta la comunicación, por tanto, el aprendizaje es contagioso a modo de virus que circula en el ambiente y a medida que se presenta, va aumentando, aumentando, pasando de uno a otro para así terminar con el tono de voz más alto por parte de alumnos y profesor.

Es un virus difícil de erradicar, no hay medicamentos para su cura, produciendo efectos nocivos, tanto para alumnos como para docentes. Se manifiestan síntomas como fatiga, dolor de garganta, agresividad, falta de comunicación, de compresión y por tanto de aprendizaje.

¿Cómo prevenir la aparición del ruido para evitar sus efectos?

No parece fácil la respuesta, pero todos hemos de intentarlo. La construcción de las aulas, la forma y diseño de las mismas, el material utilizado, son aspectos a tener en cuenta. Pero la prevención que puede realizar el maestro en el aula en lo que se refiere a la contaminación acústica es de gran importancia.

El tono que emplea el profesor para la realización de una u otra actividad facilitará o dificultará la comunicación y por tanto el aprendizaje. Los trabajos que los alumnos realizan en grupo son totalmente diferentes a los que hacen a modo individual, por tanto, el tono del profesor también será distinto, siendo este menor en actividades grupales. El número de alumnos, la manera en la que están colocados en clase, también dará pie a que se produzca un mayor o menor RUIDO.

Parecen cosas insignificantes, en las que muchas veces en la práctica docente no reparamos pero contribuyen a una mayor o menor contaminación acústica. Empecemos a tratar de prevenir dicho virus desde edades tempranas (0-3 años). El tono con el que nos dirigimos a los alumnos, intentemos que sea lo más calmado posible, procurando no elevar el mismo por encima del que produzcan ellos en el aula. Utilicemos el lenguaje no verbal a veces una simple mirada o una sonrisa pueden transmitir aquello que queramos decirles pero sin palabras. Trabajemos el silencio, en las asambleas, jugamos a escuchar aquello que suena a nuestro alrededor.

Que nuestra medicina para dicho virus sea una canción donde se haga referencia al SILENCIO. De nada sirve gritar y elevar el tono por encima del grupo de alumnos, esto incrementará más el nivel de ruido.

 ENSEÑEMOS A RESPIRAR EL SILENCIO

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