Quien avisa no es traidor

por | ARTÍCULOS, Mocos verdes

¿Mocos verdes? ¡qué asco!, ¿no? Cualquiera que sea padre o madre habrá tenido que limpiar en algún momento un par de «velas» asomando desafiantes por la naricita hasta entonces adorable de su retoño. Pero este blog no va de mocos. O no de esos mocos. Sino de aquel otro, verde y pegajoso, con el que jugábamos cuando éramos los niños los que hoy andamos por la treintena y la cuarentena: el blandiblup. Yo siempre quise tener uno, pero tuve que conformarme con el que me prestaba (microbios incluidos) alguna buena amiga. Quizás por eso utilicé el término en el título de mi primer libro para definir a esta generación de padres y madres tan blanditos y pegajosos a la hora de ejercer la educación como aquella sustancia viscosa que se guardaba en una lata.

«Papás blandiblup» (San Pablo, 2009) es el retrato de las dudas y debilidades que asedian a los padres y madres de hoy en torno al nacimiento, crianza, alimentación y educación de nuestros hijos, compuesto a partir de anécdotas y experiencias reales. Pero debo reconocer que, casi diez años después, la percepción de muchos de los temas que abordaba en sus páginas ha cambiado inevitablemente. Porque, ¡afortunadamente! ya no tengo que limpiar velas de mocos. Y la vida me ha ido regalado algunas respuestas importantes a las inevitables inquietudes de madre novata que por entonces aún no atesoraba. Sin embargo, también he podido comprobar en muchas cuestiones cómo de aquellos «polvos», hoy padres y madres seguimos lidiando con idénticos «lodos». Elevados en muchos casos a la categoría superior de lodazales en los que se enfanga nuestro día a día paternal sin remisión.

Sí, siento defraudar a quienes esperasen paz de un blog como este, porque nada más lejos de mi intención que tranquilizar respecto a las consecuencias de nuestro –las más de las veces– hiperproteccionista método de educación. Más bien al contrario, que quien avisa no es traidor. Pero eso sí: contándolo todo con mucho humor. Que mejor reírnos cuando estamos a tiempo, que llorar ¡a moco tendido! cuando no tiene remedio.

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